lunes, 17 de agosto de 2009

Al que le gusta contar sus intimidades.


Se me quito la maluquera sólo después de leer a Silva. En seguida me dieron ganas de escribir sobre cualquier cosa,
Sólo escribir, sólo darle el real uso a las letras. Y eso hago.
Creí que eso sería algo novedoso, al menos cautivante
Para mí mismo, algo que aunque no tuviera importancia
Me hiciera sentir igual a Dios, a ese Dios que crea tragedias y comedias
de las que somos nosotros los actores. Y aún lo creo.
Pero después de los dos primeros párrafos
o estrofas se me acabó la inspiración
y tuve que recurrir a la descripción
de mi propio escrito. Y aún no vuelve. Y eso hago.
¿En donde estás imagen divina
del recuerdo que se escapa
del aedo y la filosofía de su filosofía.
Esa imagen es la musa mía Esa imagen siempre cambia
Esa imagen solo se repite cuando se repite
Esa imagen hace lo que le da la gana
Con migo.
Y realmente ni siquiera me pertenece,
¡ni siquiera es realmente
la imagen de una imagen!
¡Ah! Desdichado hombre que ni amigos tiene. Escribiendo estupideces solo para sentirse
Dios, ¿O creerse Dios?
-Pero dios no existe.
Porque Dios soy yo,
el que escribe, no el que lee.
Porque el que escribe no existe Porque el que escribe no importa
¡Porque el que escribe no es ni mierda!
Porque el que escribe es Dios.
-¿Y que papel ocupa el lector entonces?
-El que quiera, ese es
su beneficio su exclusivo beneficio,
su inmenso beneficio,
si quiere puede creerse Edipo.
Si quiere puede creerse Esfinge
Si quiere puede creerse Esquilo
Pero siempre como creencia ilusa
y soñadora y vaga ensoñadora.
Hasta si quiere puede creerse
el mejor descifrador del mundo
como yo.
Lo cómico de todo esto, humor del futuro, es
que el mejor escritor del mundo,
en mi mundo, equivale a hablar pura mierda,
a hablar de sí mismo.
Después de poner el punto final de sí mismo me dediqué a leer lo que había escrito
había escrito y me gustó.
Aunque le hice unas pequeñas, y si se quiere, estéticas correcciones…
-Sí, sí se quiere, es mi escrito y yo quiero que mis correcciones sean estéticas, o eróticas. Claro que entre poco ya no será tan mío que digamos porque la escritura no es nada, porque la lectura lo es todo, porque en la lectura no hay nada, porque en la lectura está todo.
En la escritura no hay nada. En la lectura está todo.
La escritura no dice nada.
la lectura lo dice todo…
Y así seguí, escribiendo sin un sentido aparente hasta que me dedique a leer unas notas que había hecho sobre Unamuno, “El lector que se debió haber creído Dios, el lector que se debió haber creído, ilusamente, el buen escritor que para mí es”. Eso decía una de las muchas notas, pero ahora que lo leo de nuevo, creo que tal vez él en su miserable y chistosa vida, jamás se creyó eso, ni si quiera se lo debió de haber, haber preguntado y esa nota sólo pudo haber... haber sido producto de mi natural, cotidiana y sencilla imaginación, producto de mi imaginación de lector. Lector Bueno o malo. Malo.
Entre esas notas encontré un fragmento de una novela suya, debajo de ese fragmento escribí: Esa es toda la novela… y la vida. Y debajo de esa leyenda había cuatro humildes preguntas, mejor dicho, la nota era más o menos así: así:
“Hay que corroer. Y hay que confundir, Confundir sobre todo Confundir
el sueño con la vela, la ficción con la realidad, lo verdadero con lo falso;
confundirlo todo en una sola niebla.
La broma que no es corrosiva
y contundente no sirve para nada.
El niño se ríe de la tragedia;
el viejo llora en la comedia”. (Niebla. Unamuno. Pag: 135-136)
Esa es toda la novela, perdón, la nívola… y la vida.
¿Schopenhauer?
¿Nietzsche?
¿Zaratustra?
¿Un libro para todos pero para ninguno?
Después de que pasé la nota al computador y la metí en lo que estaba escribiendo, me quede pensando en la última pregunta que ese día me había hecho y que estaba allí anotada, me desilusioné por no entenderla y deje de escribir.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Elogio de la obcsenidad (Residuos poéticos)



"Mi mamá me va a regañar cuando lea esto"
Augusto Juan (El llorón)





Quisiera que fuera una intelectual
inocente, delgada, bella y virginal

Que se asuste y se sorprenda por mi morbosidad.
Que se deje saborear los pezones, que se los deje pellizcar;
Que ante todo, por el ano, se deje penetrar.

Si no es intelectual, que ojala sea madura.
Porque sabe más que uno y eso me la pone dura...

la verga.

¡Que carajo! Que sea una niña sino es madura:
que llore cuando se lo meta
que grite y que gima con ternura.

Que gima como si fuera la tierra
la que mi lubricado miembro recibiera.
¿Y si la mujer que quiero un hijo tuviera?

Mejor, la tendría más abierta
como de las jaulas la puerta
que sintiera como mi mano por su cuca entra.

Que sea una prostituta
para golpearla mientras lo chupa,

que sea una profesora
licenciada o doctora.
Para que mi poema corrija
y me bese con sus tiernos labios la pija.

Que sea una ingenua que desconozca todo esto.
Que se enamore de mi pene erecto
y que, ante cualquier situación, se deje saborear el recto.

Que sea por la noche en un deseado sueño
pues de mis fantasías soy el único dueño.
Que sea de día y que sea real,
de todos modos lo mismo da.

Es un cansancio físico y a-moral
-una tormenta de fuego sobre su vientre helado-
blanca y sin igual secuencia,
placentera,
honesta,
y natural hasta el extremo,
polo gómezjattiano.

lunes, 10 de agosto de 2009

Para ti: nuevo viejo amigo

-Bueno ya se han despertado todos los sentidos, pero no como se despierta un hombre de un mal sueño, ¡No! Se han despertado por necesidad, por la necesidad de encontrar la felicidad, la verdadera felicidad, esa felicidad que justifica la existencia misma, esa que solo se presenta en sueños, o en recuerdos. 
Sueños… Recuerdos. ¿Acaso los recuerdos no llegan a nuestra mente empapados de melancolía? ¿Y los sueños?, ¿no pasa lo mismo con ellos? Esa melancolía infecta en nuestros sueños y nuestros gratos recuerdos ¿no se debe acaso a la no frustración, no se debe acaso a que realmente no estamos resignados?

– Sí, a eso se debe, se debe a que dentro de mí existe siempre ese anhelo innato por darle gusto a mis más profundos placeres, pero que se encuentra reprimido por la muchedumbre, esa muchedumbre que lee solo el papel y que por eso hace de la libertad una palabra, un concepto y de la felicidad un pequeño instante justificado sólo por el trabajo- Responde el Amigo que ha despertado.

Pero amigo, dime qué es el trabajo sino una forma de agotamiento físico y emocional que nos distrae de la verdadera existencia, de la verdadera felicidad… Pues bien, te digo a tí estimado: dejemos a la muchedumbre sumergida en la resignación ellos nunca despertaran como lo hemos hecho nosotros, ellos simplemente son lo que son: muchedumbre.

-Pero ¿y mi familia?- Pregunta aquel amigo.

La familia es el origen de todos los males, no el nacimiento, la familia. Despréndete, pues, de esa baba pegajosa y cálida que solo es apariencia y nada más, no rebajes la felicidad a las costumbres, pues los amas porque te has acostumbrado a ellos como se acostumbra un perro a su amo. Apártate de todo aquello que le dé un molde a la felicidad, apártate de ti mismo, pues no eres hoy el mismo que eras ayer, deja todo como ese todo quiera estar, pues el tiempo es de ellos, el tiempo para nosotros ya ha desaparecido, ya se ha vuelto uno solo con el espacio.

-¡Es así!, es así como quiero ser feliz- Dice el amigo mientras suspira y llora. –Dime entonces a donde vamos ahora ¿Qué haremos ahora que nos hemos desprendido de ese todo, de los conceptos y de las diferencias entre experiencias?, pues si te he entendido bien, las experiencias son siempre lo mismo, ya sea en sueños o en vigilia.

Nuevo amigo: no le otorguemos conceptos, ni a los sueños ni a la vigilia, pues ahora para nosotros son lo mismo.

-Disculpa lo olvidaba -dice el amigo lleno de seguridad-Pero dime ¿a dónde iremos los dos?, ¿en donde empezaremos a buscar esa felicidad que tanta dureza de espíritu me ha dado?

¿A dónde iremos los dos? La felicidad es subjetiva eso ya lo había dicho Nietzsche; amigo vete sólo, a donde tú quieras, es tú felicidad no la mía... Yo me iré a mi fuente, no sé qué harás ahora.
El amigo abrió los ojos cómo si viera a la muerte llevándose a su padre y quedó completamente congelado, no movió ni un solo dedo, ni siquiera parpadeó, pues veía como aquel hombre que lo había hecho despertar se alejaba sin siquiera darle un último consejo.
-¡Nuevo amigo, viejo amigo!-Dijo el hombre que se alejaba un poco triste y desilusionado por la reacción de aquel otro- despiértate, sólo has tenido un mal sueño dentro de otro mal sueño…Olvídalo. No has despertado más que ilusoriamente.

El amigo aquel que ya no sabía si estaba o no despierto parpadeó: primero cerró los ojos, luego, mientras los abría, despertó en una cuna gritando, mientras su madre corría a arrullarlo.

¿Que lo pudo haber asustado tanto, que pesadillas puede tener un bebe? –Se preguntó la vieja madre que le daba de comer al niño sin él tener hambre, y lo intentaba dormir de nuevo sin él tener sueño.